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True Detective

Después de ir viendo durante estos dos últimos meses la primera temporada completa de esta serie con la que damos el coñazo a nuestros congéneres tanto como lo hicimos hace poco con Breaking Bad, creo que puedo juzgar con conocimiento. Voy a tratar de analizarla sin desvelar nada. 

True Detective no es una serie donde se deba valorar como algo importante su originalidad, si no su ejecución. Es un thriller psicológico de ocho horas, al estilo de "El silencio de los corderos", "Jennifer 8",  "Zodiac"  y demás películas que te seducen (o no) por la oscuridad, crudeza y cierto grado de pesimismo respecto a la naturaleza del género humano. Si te gustan esos elementos, te gustará la serie. 

Pero como he dicho, es una película de unas ocho horas y eso tiene sus pros y sus contras. La principal pega, es que si esperáis que os agasajen con acción en cada capítulo os decepcionaréis enseguida, ya que sólo hay acción cuando los acontecimientos se desarrollan durante el tiempo suficiente hasta la pertinente escena de violencia explosiva e inevitable, lo cual implica que haya capítulos enteros de puro diálogo y contemplación (tal y como sucedía en Breaking Bad). Y eso nos lleva a la principal ventaja de que una estructura clásica de película se alargue tanto: El desarrollo de los personajes. Para la habilidad del creador y guionista Nic Pizzolatto, el hecho de disponer de un gran campo abierto para plantar matices y conflictos internos en sus personajes, ha sido un caramelito para él y para nosotros. El hecho de que la serie tenga cuatro veces más duración que una película del mismo estilo, nos hace empatizar cuatro veces más con el universo de sus protagonistas. 

La dirección de Cary Joji Fukunaga (Jane Eyre) completa este tándem con Pizzolatto. Cary dirige, y lo hace con un pulso magistral del que disfruta al servicio de su talento y trabajo. Hace, entre otras cosas, algo que a mí me vuelve loco, que es convertir el entorno natural en un personaje más. En este caso Louisiana, no es una simple postal en la que hacer bonitos planos en helicóptero, si no que es un escenario que contiene tantas luces y sombras como las personas que alberga dentro. Y eso lo vemos.

El dúo McConaughey/Harrelson se ponen al servicio de todo lo mencionado dando forma a los detectives Rust Cohle y Martin Hart, y lo hacen con un magnetismo donde uno se pregunta si otros actores bordarían tan bien a estos personajes. Me gusta que se arriesguen, no sólo interpretando a unos detectives con una ambigüedad moral tan natural como la vida misma, si no que además es fantástico que se salgan de sus roles habituales. En True Detective, Woody Harrelson no es un outsider impredecible y Matthew McConaughey no es un buenazo mojabraguer. También está por ahí Michelle Monaghan, mujer que me tiene encandilado desde su papel en "Kiss Kiss Bang Bang".

También debo decir que a veces esta serie peca de traspasar sus propias virtudes haciendo que rechine un esbozo de caricatura de si misma. En ocasiones quiere ser tan tan trascendental y profunda que no acabas de creértelo. Lo mismo le pasa a la interpretación de McConaughey cuando se supone que es como veinte años más viejo y pasado de vueltas, que tiende a sobreactuar. Ni él es Heath Ledger ni esto es "El Caballero Oscuro".

Aún con todo, la balanza se inclina hacia lo positivo. Es una gran serie que merece ser vista y disfrutada a muchos niveles, cosa que no suele pasar muy a menudo. A mi me enganchó por su calidad desde el primer capítulo, pero no creo que sea una de esas series que veré una y otra vez, cosa que sí me gusta hacer con "Seinfeld" o "Los Soprano"a modo de terapia o por ser auténticos libros de instrucciones sobre la miseria del género humano. 

Os dejo con la intro, que ya es todo un referente. Por cierto, la BSO coordinada por el gran T Bone Burnett, brutal. 


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El día de la mujer

Observaba su contoneo alejarse a contraluz en la hora más fría de la madrugada. Esperaba que ella le lanzase una última mirada por encima del hombro antes de perderse de vista, como en una película que él había visto cuando era niño y donde se le daba un significado a ese gesto. Si la chica se giraba, es que volvería a verla. Pero la experiencia le había demostrado que no siempre era así. No existen los dogmas en la vida. En cualquier caso, se ajustó el abrigo para arroparse el cuello y suspiró, soltando un vapor gélido que nubló levemente la visión de la silueta de aquella bella mujer taconeando hacia la lejanía.

Dio media vuelta y echó a caminar en la húmeda tranquilidad de la noche. Sin dejar de sentirse pleno por el efecto de las últimas horas, sabía que en algún momento volvería a sentirse solo. La soledad había sido su estado natural desde hacía ya un tiempo y sabía que no debía cambiar eso para no volatilizarse. Le entró sed pero no tenía ganas de volver a casa aún. Le seducía la idea de ser el único ratón en ese caótico laberinto de edificios, así que simplemente paseó en medio del silencio. El olor a asfalto mojado sólo era contrarrestado por el aroma del carmín que aún le acompañaba. Cruzó la esquina y se topó con una cafetería con las luces encendidas, un oasis para las pocas expectativas de ese momento. Observó el interior completamente vacío y sacó una mano de su bolsillo para empujar la puerta. Eligió la mesa del fondo y se sentó con parsimonia. Sonaba la radio por el hilo musical, una vieja canción que le reconfortó mirando hacia la calle oscura por la cristalera. Miró el reloj y pensó en que la ciudad bostezaría en pocos minutos dando lugar al caos habitual. Cuando terminó la canción, antes de poner otro disco,  el locutor anunció que era el día de la mujer. Le sobresaltó una guapa camarera con cara de sueño.

- Buenos noches – Dijo –
- Buenas noches, ¿Me pones un cortado?
- ¿Algo más?
- No… y feliz día.
- ¿Feliz día? – Preguntó –
- Hoy es el día de la mujer.
- ¿Ah si?
- Eso dicen.
- Me gusta más el día de paga a fin de mes, pero gracias. – Dijo –


Se marchó hacia la barra. Tenía razón esa mujer con los ojos somnolientos. Había más sinceridad y autenticidad en ella que en todos los lacitos rosas del planeta. Las mujeres pueden ser tu perdición o tu bendición. Luchadoras, soñadoras e implacables. No necesitan de símbolos estériles para defenderse, se bastan solas. Y eso se cumple siempre, no cuando el calendario lo señala.